martes, abril 26, 2016

Roto. Creo. Creo que es ese el perfecto estado mental en el que tienes todo en cuenta. ¿No es así? Cuánto más delicado, más receptivo, más sensible. Quizás por eso siempre ha habido personas que no se quieran recuperar. Bueno, creedme, como dicen en una de mis series favoritas: por la propia definición de "roto", implica que se puede arreglar. Ojo, que se pueda, no que se deba, no que nadie lo pida. E igual que no se debe creer en la omnisciencia, ni tampoco en la razón. No debe creerse en la perfección (nada nuevo), ninguna estructura es capaz de soportar semejante peso. La estabilidad, como otros cientos de factores, no es indispensable. Hay cosas más importantes para tu supervivencia que no exigen un suelo firme, ni una base, ni una inteligencia, ni una personalidad. Joder, ni siquiera una personalidad firme. Te conviene creer en las penas, en las fatalidades y en los desastres, porque eso no te hace más vulnerable, sino más consciente. Te conviene acercarte a una de esas noches en las que se llora a escondidas y no pedir consuelo. Rómpete un poquito joder, que te hacen falta grietas, nunca te sobrarán.
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