martes, febrero 06, 2018

Amén por tus ojos, que me bendecían cada vez que suplicaba. Tan callado pero tan raro. Pero tan adictivo, pero tan doloroso.Todos son raros pero ninguno eres tú. Ninguno tiene esa forma de decir y hacer las cosas, incapaz de predecir. Nadie tan independiente y a la vez tan dispuesto a agarrarse a alguien. Me diste más cosas de las que querías, y yo, pues las he guardado. He guardado el "guapa" por si se te ocurre volver. Y tu mano en mi pierna mientras conduces. A buen recaudo está cada cosa que me has insinuado. Era real, te duela o te pese. Era más real que todo lo que veíamos. Eras tú con una media sonrisa diciendo mi nombre delante de veinte de tus amigos y dándome la mano. Era yo pegada a ti, tú a mí, irnos juntos, no volver, no coger el móvil, no escuchar a nadie. Ni te guardo rencor ni tendrá sentido cuando se lo cuentes a los demás. Cuatro semanas. Muchas noches.
Era yo,que confío en los que parecen un pozo, y efectivamente, lo son.

¿Sinceramente? No lo supero.
He recibido más de un "te admiro" por mi indiferencia tan constante. Ni es un halago ni me importa, ni me importáis la verdad. Pero si se vive de algo es de los demás y francamente, cuento con pocos. Me sobran los "te admiro" y no los "te entiendo". Y sobre todo carezco de los "te cuido", de los de verdad, los que se cumplen. Creo que sentirse solo es un término por el que todo el mundo pasa en algún momento, un mal que todos padecemos y del que la mayoría se recuperan. Esos que se recuperan salen del pozo y te miran diciéndote: "ya llegará". No gracias, no quiero esperarlo. Puedo jurar que la paciencia es un don porque nadie la tiene (ahí me incluyo), y menos para dejar de sentir ese vacío. Las primeras que te hunden tiras pa' alante porque te han criado en ello. Te aseguro que a la décima no tiras para ningún lado. Y no porque estés hundida, no.
Es que no has notado el golpe.
Así, con la desconfianza y la no fe, así se cría el miedo. Y del miedo, nace el frío. Y del frío el "qué poco sentimental" o el "no confías en nadie". 
No te jode.
Cómo coño se va a arreglar la gente si sois todos pólvora. 

domingo, septiembre 03, 2017

No saber donde nos hallamos, 
en qué punto, qué lado, qué parte. 
Ignorar totalmente el norte, 
a sabiendas de estar perdidos. 

No saber donde estamos, 
mientras nos miramos descaradamente,
mientras la electricidad crece. 
Mientras nos rozamos. 

No saber qué esperan, 
cuando nos dicen que confiemos.
Pero tú y yo nos miramos de reojo, 
van a destrozarse y no estaremos delante. 

No saber que seremos tú y yo, 
los que se libren de toda esa mierda, 
los que construirán a base de música otra casa. 
Nos rogarán compasión y ayuda. 

No saber que se abandonaran a sí mismos, 
cuando se den cuenta de sus errores. 
De que nos tomaron por locos, 
cuando nos forzamos a ser exigentes. 

No saber donde ha quedado todo, 
todas las tragedias que nos prometieron. 
Porque gracias a que lo hicimos, 
nunca seremos unos infelices como ellos. 


Odio la prepotencia, hasta cuando la padezco. Eso o algo similar. Es en esas veces que me siento vacía, que caigo. Caigo porque reclamo una atención que no es mía. Y por el hecho de que no es mía, se convierte en innecesaria. Ahí paso de prepotente a egoísta, pero esa lucha ya la tengo mejor formada. Lamentablemente requiero una atención constante que nadie sabe brindarme, ni siquiera yo misma. Bienvenidos a los grandes problemas de la exigencia. Quiero atención, la pido, la ruego, intento mantenerla, pero luego no la quiero, la rechazo porque me doy cuenta de que no merece mi tiempo. Claro está que es algo nunca explico. Cómo le comentas a alguien que no lo consideras digno de tu tiempo, aunque sea la puta verdad, cómo lo dices sin infravalorar a nadie. Aún siendo consciente de que lo voy a seguir haciendo mal, lo hago. Y, aunque me pese decirme esto a mi misma, yo también me odiaría.
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