domingo, septiembre 20, 2015

¿Y qué? Son mis amigas. Son las locas pervertidas de mis amigas. Y valen oro, que lo sepas. Limitarse a considerar amigo al que te apoya, es estúpido. Amistad no es eso, aunque quizás lo que yo tengo sea un poco más. ¿Y qué si nos pasamos los sábados enteros gritando? Que nos miren mal, por favor, por lo menos que nos miren. No le veo nada raro a querer ir con chicos, con locos, con cabrones, que más da. Dedicarnos a elegir qué vamos a beber y qué nos vamos a poner. Ponernos ojitos cuando nos mire nuestro respectivo y ayudarnos. En realidad, consigues al que te gusta cuando te dan esa pequeña ayuda. Discutir y criticar a todo el mundo, para luego prometernos que no diremos nada. Tener capturas de conversaciones de todo el mundo y prestarnos ropa todos los fines de semana. Y fotos de todo y con todos, la mayoría malas y la otra mitad sin recordarlas. Caernos o tirarnos o empujarnos o lo que sea. Cigarros, mecheros, paquetes que vuelan, vasos, cervezas y un poco de sentido común si hace falta. Decirle que le está haciendo daño, cuando también te lo están haciendo a ti. Desesperarse, pero juntas. Mandarlo todo a la mierda todas las tardes, y luego retomarlo en las noches de sábado. Peleas, charlas, maquillaje, sudaderas, rayadas, gritos, besos, letras, grupos, canciones, bailes, memorias. Y sobre todo, lo mejor es compartir el pintalabios y dejarlo marcado en el vaso, o en él. Todo, son mis amigas, y lo son todo. ¿Quién me diría lo que no recuerdo o no quiero recordar si no son ellas?
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