jueves, julio 30, 2015

Me levanto de la cama y digo, venga, en realidad no le necesito. Hago vida y un par de cosas más. Sigo pensando que has desaparecido, y de verdad que lo haces. Es que ni siquiera me hace falta autoconvencerme, porque me levanto completamente segura de que no estás. Salgo a la calle y realmente disfruto, estés o no estés. Me río, quiero moverme, quiero avanzar. Y no te tengo en mente en esos momentos. Me preguntan y yo respondo que supongo que se acabó. Pasan las horas y no pareces tan importante. Te ignoro tanto que me sorprendo. Luego llega la noche, y acabo como siempre sola en el sofá. Ahí es cuando vienes, ahí es cuando te acercas y me recuerdo que estábamos tan bien. Me maldigo y dueles cabrón, en estas noches dueles muchísimo. Pero en fin. Me meto a la cama, te pienso un par de veces, y ya comienza la mañana una vez más. Hasta que deje de restarte importancia, y simplemente te la quite. O no.
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