jueves, diciembre 25, 2014

Escucha como ruge la oscuridad...
Tan suave y brillante. Como ruge el miedo de todos tus momentos. Adéntrate en tu lado más oscuro. ¿De qué presumes? ¿De qué te culpas? Conócete. Recopila todo lo que nunca volverías a hacer y apúntalo para tu propio ser. Siéntate, túmbate, frena, para. Investiga cada sentimiento, no cuando aflore, si no cuando lo recuerdes. Tienes que saber qué te une a cada persona que te rodea. Que te aporta cada palabra que tu mente da. Qué, cómo y con quién, relacionas las cosas. Debes saber tus peores errores y tus arrepentimientos, buscarles fecha, solución y archivarlos. Tus planes, tu futuro, tus deseos. Tienes que conocer tu mente, al menos lo mínimo. Lo justo para saber quién eres, qué te define, qué te hace gritar. Cuántos impulsos tienes, y cuánto mide tu ira. Qué te llena y qué se te lleva. Quién te mira, como y qué te provoca. Presta atención a cómo de profundo es el silencio. Escucha como ruge tu mente, hambrienta. Conócela, aliméntala y cuídala, es tu bien más preciado, tu tesoro más valioso y la parte de ti mejor aislada del mundo. 
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