jueves, noviembre 20, 2014

Mírame como quieras. A quemarme, a matarme. Apuñalas cuando tú decides. Y quieres cuando te apetece. Y yo te dejo, si eres tú, te dejo lo que sea. Yo leyendo en una esquina del sofá, tú en la otra liando algo y poco más. Te giras y me miras. Despacio, y luego sonríes, mientras te acercas. Y así te quedas a veces, hablándome al oído. Mientras yo intento concentrarme. Hasta que me vuelvo a mirarte y paras. Frenas. Me miras, y me hablas, sin abrir apenas decir palabra. O me pones música mientras dices: "joder, que buena es esta". Y yo me la sé, me sé todas. Y así siempre. Me encanta mirarte mientras decides cambiar y volverte la gorra hacia atrás. Y cuando te sabes la canción entera y la sigues casi sin respirar. O cuando te centras en las cosas y no sabes que observó. Y yo sé que me ves. Pero cada día me miras de una forma distinta. Pero siempre sale fuego.  Esa chispa, que muchas veces se enciende a la vez que el mechero, pero que me gusta. Que es como un imán. Y así eres tú, sin sentido. 
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