lunes, mayo 19, 2014

Sentarse en una silla, observando como la luz entra por la ventana, entre la oscuridad. Así es todo. Observar y analizar el brillo de la luz desde algunos metros. Sin querer dejar de mirar al frente, hacia la ventana. Porque si deslizas tu aterrada mente hacia los laterales solo ves oscuridad. Apenas se distiguen formas claras. Contornos sin contenido, sin más. Es como estar atrapada en un pozo, ves la salida pero nada a tu alrededor tiene color. Encima la silla es incómoda. A veces hay que poner cosas debajo para poder sentarte bien. Unos días tiene respaldo y a veces no. Por eso cuando te descuidas y quieres apoyarte a descansar, a veces te caes y a veces te alivias. Que bonita la luz. Como brilla el camino. Apuesto a que sabes todo lo que hay detrás de esa ventana. Apuesto que has contado las farolas que hay fuera, cuánto alumbran y cuánto miden. ¿Sabes que pasa? Que cuando quieres levantarte ya se ha hecho de noche. Así que ale, arriba. Hoy te empujo yo, mañana te empujará otro. Y, ¿quieres saber un pequeño secreto? Cuánto más tiempo permanezcas de pie, antes desaparecerá al silla.
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