lunes, octubre 07, 2013

Ella estaba sentada en una esquina de la mesa mirando su móvil, tampoco parecía preocuparse. Él, se acercó lentamente hacia ella, y la agarró de la mano. Ella sonrió y se dejó arrastrar. Él la llevó hasta la pista de baile, y se colaron entre la gente. Ambos comenzaron a bailar sin dejar de mirarse a los ojos, aquella atracción que tenían era increíble. Pronto, la gente comenzó a apartarse. La gente comenzó a parase y a mirarles, porque eran ellos. Él le daba vueltas como a una bailarina, y ella se dejaba guiar por él. Era hermoso. Ambos bailaban sonriéndose y enamorándose. Era amor en el baile, o un baile de amor. Ella giraba alrededor de él sin dejar de observarle, movía sus pies como si se supiera los pasos. Se dejaba enamorar por la música mientras él la alejaba y la atraía hacia sí. La gente sonreía mientras los miraba moverse. La manejaba, como si fuera suya. Era fuerza lo que los unía, fuerza y amor eternos. Era confianza lo que tenían ambos depositada el uno en el otro. Era confianza lo que hacía que él la levantara por los aires y no la soltara. Era fuerza lo que los unía en cada vuelta que ella daba, porque cuando giraba, aún sonreía más. Y se estudiaban infinitamente, allí, en medio de una pista de baile. Estudiaban su baile sin apenas pensar lo que estaban haciendo. Y cuando cesó la música, ellos siguieron mirándose a los ojos y sonriendo. Y mientras la gente aplaudía, ellos se preguntaban que era aquello que unía su cuerpo, su mente y su alma.
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