lunes, agosto 07, 2017

Sonríes. 
Nadie lo sabe. 
No se lo imaginan. 
No se imaginan lo que duele. Ya nadie te ve realmente cuando te mira a los ojos. Te quedas un poco parada ciertos momentos pero enseguida alguien te chasquea los dedos y vuelves. No saben que las has pasado putas para quitarte el rojo de los ojos, de la noche de llorera que te pegaste ayer mientras escribías. 
Nadie sabe, que se te ha partido un cachito de corazón que estás intentando reparar por todos los medios y no puedes. Quieres que te cuiden, te reparen, te enseñen a ver otra vez las cosas. Y aunque desesperadamente busques a alguien que se de cuenta de la guerra y de los gritos que hay en tu pecho, nadie lo hace. 
Porque nadie sabe que estás fingiendo, que se te están quebrando las ganas de todo. Que estás intentando suplirlo con la inocencia de los que no saben que hay dolor más allá de las cosas, y ni aún así puedes. Que solo hay un par de personas y tu familia que te han llenado estos días. 
No son capaces de ver que te estás cerrando la puerta, ya no hay luz en tu habitación. Porque todo sigue normal. Porque has seguido adelante. Porque lo estás apartando. 
Porque no le piensas. 
No se lo imaginarán. 
Nadie lo sabrá nunca. 
Nadie sabrá de tu victoria si ganas la guerra, y si la pierdes, nadie sabrá por qué la has librado. 
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