sábado, mayo 16, 2015

Aquí estas otra vez. Está todo en ti. Y juro que cada vez que vienes no puedo parar de mirarte. Porque tienes los ojos muy oscuros y parecen una espiral infinita que, en fin, atrae. Y tus maneras de rozarme simplemente con tu pierna y sin decirme nada. Pero luego levantas la cabeza y me lo dejas todo ahí. Me haces dejarme sobre tus manos y muchas veces sin defensas. Me invitas a pasar a tu casa rota y a tu alma destrozada. Y yo no sé que hacer, no sé como decirte que pares. Cada vez me arrastras más a tus adentros y yo no voy a encontrar la salida. Pero que ya te lo he dicho, que no quiero quedarme, no quiero vivir en ti, en nadie. Pero luego me pides todo tan dulce que yo nunca sé qué contestar. Veo cómo de fuerte es tu carácter cuando consigo articular un no para ti. Cómo enseguida te revuelves entre todo lo que he dicho y mencionas que te he prometido el cielo. Y lo he hecho, lo hice, pero no puedo cumplirlo. Te gusta mi pintalabios, porque sabes que siempre va a acabar en ti. Nunca nos quejamos de nada. Pero nunca ninguno de los dos tenemos suficiente, y eso me gusta. Siempre nos buscamos aunque no queramos. Somos los responsables de todas las puñaladas con cariño. Joder, yo ni siquiera quería conocerte, no puedes echarme nada en cara. Es que no consigo ver fondo en ti, no sabemos en qué estamos cayendo. 
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