jueves, mayo 29, 2014

Te fuiste sin decir adiós. Un buen día te marchaste por la cara. Sin saber que te llevabas vidas por delante. ¿Qué te costaba despedirte? Dejar una nota en un tícket viejo y arrugado. Unas simples palabras que dieran por terminada una supuesta historia. Nunca te perdonará. A ella, que nunca te soltó. Que siempre estuvo sujetando hasta que tuvieras un sitio fijo en el que descansar. A ella, que te acompaño en las grandes tormentas, y lucho contigo contra la marea. A ella, que ha cruzado la vida de un lado a otro, para rescatarte de tus estúpidos errores. ¿Qué te costaba agradecerle su apoyo? Incluso decirle que ya no la necesitabas más. Dejarle clara tu marcha. Porque el problema es que lo que le hizo daño no fue que te fueras, si no que nunca dijiste por qué, aunque ahora ya no puedas decirlo. Avisar que te ibas tan lejos aunque fuera en un simple "adiós".  Nunca olvidará que la dejaste sola ante todo lo que le esperaba. Pero tampoco olvidará, que cuando te fuiste, ella creció y se enfortaleció. Nunca sabrá porque no dijiste que te ibas. Pero ya no seguirá preguntándoselo. Porque aunque que la abandonaras le destrozó, también le ayudó. Y ahora no abandona, si no que no se aferra a nada.
Reacciones:

0 comentarios :

Publicar un comentario

Siril Blog Template. Con la tecnología de Blogger.

Opt-in Form (Do Not Edit Here)