jueves, noviembre 14, 2013

Gente, ruido y fiesta, si nos encontrábamos sería un milagro. Yo bailo y si le veo, voy sin pensarlo. He venido para él, pero mira la cantidad de tíos que hay alrededor. La música ya suena por lo más alto y apenas falta un par de horas para que amanezca. Y mientras giro con una sonrisa, puedo verle mirándome. Ahí apoyado en la barra, observándome, a mí; y sus amigos alrededor examinando a las demás. Pero voy a seguir bailando, esta vez para él. Suena "Collide de Jake Miller", justo lo que necesitaba, un gran choque. Ahora ya me muevo mejor y aunque no le miro, el sabe lo que hago. Se acerca y yo me pongo histérica. Encima viene hacia aquí con ese paso lento que tiene, y se muerde el labio con una media sonrisa. ¿Qué propiedades asesinas son esas? Llega hasta mí y se detiene, exáminandome, mirando fijamente hacia mí. Quién sabe que pasaría por su cabeza. Las luces siguen y la todo el mundo baila, menos nosotros. Es que además, cada vez estamos más cerca. Peligro, demasiado cerca, ya no volvemos atrás. Ahora sí que sonreímos los dos, como verdaderos estúpidos. Y el resto de sus amigos se acercan a las mías, supongo que es la película de nuestra vida, ¿no? Nos besamos, una y otra vez, y las que necesitamos. Este es el gran choque que necesitábamos, las ganas nos impiden tanto que no nos dejan ver lo fácil que es, triste pero cierto. Pero ahora ya no, la noche es nuestra. Bailamos y reímos, solos y con los demás. Y cuando volvemos a casa ya amanece, entre risas y besos con sabor a alcohol y pegajosos. Supongo que nos une la fiesta, y las ganas. Llevábamos demasiado tiempo mirándonos en otros sitios, cuando en realidad deberíamos estar allí, juntos.

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