sábado, noviembre 02, 2013

Cuando comienza algo, aunque comience sin un principio, empiezas a actuar de una manera. Actuas hacia ello, hacia él. Actuas como la situación te pide que hagas, y en pocas ocasiones te sales del papel. Interpretas tu personaje en una estúpida obra que se escribe con tinta invisible. Y, deseas que venga donde estás, pero cuando viene le evitas, y viceversa. Él actúa cómo si estuvierais distantes en la línea del tiempo de una relación que nunca ha comenzado. Y tu actúas pensando que él odia verte ahí de pie mirándole. Lo más extraño es, que cuando acaba, ambos seguis adentrados en el papel. Cuando ya no os importais, y cuando podeis miraros a los ojos, actuais como si siguiera. En ese momento, justo en ese preciso momento, teneis que parar. Teneis que deteneros, y pensar. Pensar que ya no teneis porque actuar distantes como cuando uno quería a otro. Ahora que no sois nada, podeis ser todo por lo que teniais que haber empezado. Hablar, beber, bailar hasta llorar o reír, haced lo que querais pero ser quiénes sois. Ya no necesitais ser bruscos o estúpidos. Sed amigos y quereros, escribiros mensajes y sonreíd. Pero no actueis como si siguerais siendo algo, porque teneis que daros cuenta de que por fin, ha acabado.
Reacciones:

1 comentario :

  1. He entendido perfectamente esta situación. Cuando algo acaba simplemente parece que no haya acabado. Tal vez porque acabar con la rutina es complicado o porque simplemente nos hemos acostumbrado tanto a una cosa que no sabemos hacer otra.
    Pero el caso es que cuesta más acabar que empezar..
    Besos.

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