viernes, agosto 30, 2013

Me escapé a la librería por pura necesidad. Mi mente necesitaba perderse en una nueva historia, en nuevos personajes. Compré uno nuevo, llamado: "Me robó el cielo". El título me pareció precioso, y me identifiqué con el resumen. Llegué a casa feliz, pensaba pasarme la tarde leyendo con un par de cafés en el bar de debajo de mi casa. Me senté en un sillón apartado en aquella triste cafetería, y me envolví en aquella nueva historia sin problema. Me adherí al contenido de aquel libro. Parecía mi historia, con aquel chico que tan fuerte me dió hace unos años. Me sentí tan parte de aquella historia, que me pareció vivirla. Los momentos y pensamientos eran identicos a aquellos meses que pasé en el cielo. Me fui a la cama intrigad y deseando empezar un nuevo capítulo la tarde siguiente. No quería terminarlo demasiado rápido, me encantaba. Era el libro de mi vida, era como si alguien hubiera redactado todo desde mi mente, o la suya. En cuestión de dos días, lo terminé. Conocí a los personajes plenamente, deseé sacarlos del libro. Lo reelería mil veces. Cuando terminé la triste y última página, releyendo cada letra, lloré. Se perdían el uno al otro, como yo a el, como nosotros. Y cuando llegué a leer los agradecimientos, si que lloré, y no pude parar. En la primera frase ponía: "Gracias a la lectora y loca que me ha inspirado, la que me hizo vivir cada palabra de este libro. Aún te escribo y aún te lloro. Desapareciste, pero me prometí encontrarte,..." Y ahí salía mi nombre, mi apellido. Había escrito mi historia. Nuestra historia. Nuestra adorable y triste historia. Estábamos repartidos en letras por toda la ciudad, cada momento en cada página. La había escrito, para que la gente viviera intensamente lo mismo que nosotros. Me robó el cielo a mí y yo a él, pero fueron más los que robó nuestra historia...

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