jueves, abril 04, 2013

Iba caminando por ese bosque oscuro. Oía tantos susurros que hasta creía distinguir mi nombre. Caminaba pisando hojas y ramas, de colores oscuros llamativos. Me asomaba por cada árbol, temiendo a alguien, o quizás a algo. Pisaba ruidos y distintos tipos de vida. Y aunque no quería saber que había bajo mis pies, debía saber por dónde caminaba. Ni siquiera estaba perdida, y nadie andaba buscándome. Me encontraba drogada por algún tipo de curiosidad. O atraída por la soledad gritando encerrada entre árboles. Iba andando, escuchando el sonido, matando las miradas que creía que alguien me dirigía. Los árboles y las plantas respiraban, y casi podían comentar entre ellos de qué forma respiraba su oxígeno. Elegía caminos a pura intuición, si me equivocaba simplemente tenía que dar la vuelta. Tras llevar un rato caminando, paré porque creía que no estaba sola. Y efectivamente, no lo estaba. Alguien llevaba rato detrás mío, acompañado por un par de animalillos que si que se dejaban ver. Así que eché a correr, esquivando mi falta de equilibrio y el hecho de que me fallaran los tobillos. Corrí hasta que mis pisadas fueron la única puerta al silencio.
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