miércoles, febrero 19, 2014

Estoy cometiendo un dulce y malo suicidio mental. Hoy he rascado el cielo, pero he rascado tanto tiempo que he descubierto que al final es negro. Que solo está pintado. Que es una capa más. Además, me he puesto a frotarlo inconscientemente. Estaba hablando con alguien, y de repente he subido al cielo, sin más. Y he debido empezar a rascar a ver si encontraba algo. Y al final me ha sorprendido ver que salía negro. Que debajo de tanto azul y tanto secreto, era tan opaco que no se alcanzaba a ver nada.  La verdad que a pesar de que ha sido una sorpresa, no me ha extrañado nada. Quiero decir, el cielo no es falso, pero tampoco es infinito. Esto únicamente te tiene que llevar a pensar que no todo puede ser tan malo. Hay tantas cosas escritas en él que algunas partes se hacen frágiles. Y digo yo, pobre del que tenga que estarlo pintando una y otra vez cuando algún gracioso como yo decide pasar por allí, ¿no?. Creo que es bonito, no me decepciona. El azul siempre ha conjuntado con el negro. Y piensa, que si el mismísimo cielo puede esconderse tan bien, tu también puedes hacerlo. Si alguien rasca en ti para dejar huella, tu ve echando capas encima, finas y bien repartidas. Al final solo sera una manchita más, una cicatriz. En fin, espero que no me echen la bronca, ya cubrirán el hueco que he dejado. Pero que no me digan nada, porque hay gente que ha dejado huellas, y encima no las han borrado.
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